Entenderte a ti mismo sin juzgarte a ti mismo

Constantemente aprendemos sobre nosotros mismos. Observamos qué nos da energía y qué nos la quita, qué nos ayuda a sentirnos a gusto y qué nos genera tensión o nos agobia. Con el tiempo, estas observaciones nos ayudan a comprender mejor nuestras necesidades.
También hay momentos en que la observación viene acompañada de juicios. Nos preguntamos por qué algo nos molesta tanto, por qué persiste un sentimiento o por qué reaccionamos de esa manera.
¿Qué pasaría si afrontáramos esos momentos con curiosidad?
La autoconciencia nos brinda la oportunidad de prestar atención a nuestras experiencias con apertura. Una emoción, una reacción o un día difícil pueden tener algo que decirnos.
Comienza con la curiosidad.
La curiosidad nos da espacio para explorar lo que estamos experimentando.
Cuando te sientas abrumado, cansado, emocional o desconectado, podrías preguntar con suavidad:
¿Qué me está pasando ahora mismo?
Tómate un momento para observar lo que surge. Puede que la respuesta sea obvia, o puede que necesites más tiempo.
La curiosidad nos da espacio para explorar lo que estamos experimentando.
A medida que nos interesamos más por nosotros mismos, podemos empezar a comprender nuestras emociones y reacciones con mayor compasión. Esa comprensión puede influir en cómo nos cuidamos en el presente y en el futuro.
Observa tus patrones
Todos tenemos patrones. Quizás te quedas más callado cuando te sientes abrumado, te mantienes ocupado cuando algo te resulta incómodo o necesitas más tiempo a solas después de estar rodeado de gente.
Prestar atención a estos patrones puede enseñarnos mucho sobre nosotros mismos.
Es posible que empieces a reconocer qué te ayuda a sentirte enraizado, qué te agota, cuándo necesitas espacio y cuándo la conexión te resulta reconfortante.
Con el tiempo, esta toma de conciencia puede ayudarte a responder a tus necesidades con mayor intención.
Escucha a tu cuerpo.
Nuestros cuerpos nos ofrecen otra manera de comprender lo que estamos experimentando.
Es posible que notes tensión en la mandíbula después de un día estresante, inquietud cuando necesitas moverte o una respiración más profunda al llegar a un lugar donde te sientes a gusto. A veces, estas señales físicas nos ayudan a reconocer qué requiere nuestra atención.
Haz pausas de vez en cuando y observa lo que sucede en tu cuerpo.
¿Dónde estás acumulando tensión?
¿Dónde sientes tranquilidad?
¿Qué cambia cuando reduces la velocidad, te mueves, descansas o te conectas con alguien en quien confías?
Familiarizarte con estas señales puede profundizar la relación que tienes contigo mismo.
Familiarizarte con tus propias señales puede profundizar la relación que tienes contigo mismo.
Pregunta qué te haría sentir apoyado.
A medida que aprendas más sobre ti mismo, también podrás ser más consciente de lo que te ayuda a sentirte apoyado.
Algunos días, eso puede significar descanso. Otros, tal vez desees movimiento, conexión, tranquilidad, apoyo, una conversación o tiempo para ti mismo.
Cuando algo te resulte difícil, intenta preguntar:
¿Qué estoy notando ahora mismo?
¿Qué podría estar contribuyendo a esto?
¿Qué me ayudaría en este momento?
Deja que las respuestas lleguen sin presión. Quizás te des cuenta de que estás cansado, has estado cargando con demasiadas cosas o necesitas un poco más de espacio en tu día. También puede que te sientas inseguro.
Tómate tu tiempo para escuchar.
Conociéndote a ti mismo
La concienciación sobre la salud mental puede comenzar prestando atención a tu propia experiencia. Observa tus emociones. Familiarízate con tus patrones. Escucha a tu cuerpo. Aprende qué te ayuda a sentirte apoyado.
Este tipo de autoconciencia es la base de la Fórmula del Equilibrio. Serenidad, Fuerza, Amor y Vida ofrecen diferentes maneras de conectar contigo mismo y detectar aquello que requiere tu atención.
A medida que cambias, tus necesidades también pueden cambiar. Sigue conociendo a la persona que eres hoy con curiosidad y compasión.
Comprenderse a uno mismo comienza por estar dispuesto a escuchar lo que ya está presente.






