Sanación a través del duelo
- Justine Astacio, LMHC

- 13 feb 2023
- 4 min de lectura
Lo que aprendí a través de mi duelo.

El día que recibí la llamada, aún estaba asimilando dos grandes cambios en mi vida: la inminente pérdida de mi trabajo y el embarazo. Era mi tío, que me llamaba para decirme que mi tía no respiraba. Me dispuse a salir y acercarme a ellos y pregunté: "¿A qué hospital la llevan?". Sin comprender del todo la situación. "No, cariño, Gachi no respira, se ha ido".
Estaba completamente destrozado.
Experimentar una pérdida es inevitable. Pero la verdad es que, por mucho que sepamos que es parte de la vida, nunca estamos completamente preparados para cuando la vivimos. Perder a mi tía fue devastador. Siempre había contado con su guía y apoyo cuando atravesaba una transición importante en mi vida. Pero ahora, cuando más la necesitaba, ya no estaba.
El profundo vacío que sentí durante el primer año de asimilar su ausencia fue desconcertante. Mi duelo inicial fue una montaña rusa de emociones. En un instante, pasaba de la ira a la negación, la añoranza, el entumecimiento, la alegría a la tristeza. A veces las sentía una a una, a veces todas a la vez. La emoción que sentía y su intensidad eran volátiles e impredecibles.
Con el tiempo, la intensidad de mi dolor disminuyó, al igual que la frecuencia con la que lo sentía. Las emociones siguen ahí. Todavía las siento, pero han tomado una forma diferente.
Fue durante esos momentos de vulnerabilidad cuando llegué a apreciar tanto la fortaleza de mi red de apoyo como mi fuerza intrínseca para sanar.
Obtuve información valiosa
A continuación, presento tres lecciones importantes que aprendí durante mi proceso de duelo, a través de mi propia experiencia.
Antes de entrar en materia, quiero reconocer que el duelo es una respuesta a la pérdida. Tanto si has experimentado la muerte de un ser querido, como yo, como si has sufrido otro tipo de pérdida, como una ruptura sentimental, un divorcio, una mudanza o la pérdida del trabajo, el proceso de duelo puede ser similar.
El duelo es diferente para cada persona.
Puedes llorar desconsoladamente o quedarte sin ninguna emoción visible. Puede que te resulte difícil participar en cualquier actividad o concentrarte en tu trabajo. Sea cual sea tu caso, debes saber que no hay una forma correcta o incorrecta de afrontar el duelo. La manera en que lo vivimos es personal y está influenciada por multitud de factores, como las consideraciones culturales, el acceso a redes de apoyo y nuestra propia disposición.
El duelo no tiene límite de tiempo.
El duelo no tiene un botón de encendido/apagado. No existe un tiempo exacto para definir su duración, porque, en realidad, nunca desaparece del todo. Permanece con nosotros. Sin embargo, con el tiempo, los recuerdos de lo perdido se vuelven cada vez menos dolorosos.
Aún lloro la pérdida de mi tía. Las emociones siguen presentes. Me ha costado tiempo aprender a vivir con el dolor. Después de un par de años, todavía hay días en que quiero llorar, y a veces lo hago. Pero esta tristeza ha adquirido otra forma. Encuentro consuelo al saber que estas lágrimas ya no son de luto, sino un reflejo del amor que sigo sintiendo por mi tía.
Es importante tener en cuenta que, si bien no existe un límite de tiempo para el duelo, un duelo prolongado que se mantiene intenso y debilitante puede ser señal de un duelo complicado.* Si está experimentando esto, considere buscar el apoyo de un profesional de la salud mental para que lo ayude a sobrellevar su proceso de duelo.
La vulnerabilidad como fuente de fortaleza
Embarazada, a punto de quedarme sin trabajo y ahora de luto, me encontré en el estado más vulnerable de mi vida. Estaba hecha un lío. Sabía que necesitaba apoyo. Si bien normalmente, en tiempos de crisis, suelo ser un pilar de fortaleza y racionalidad, esta vez no tenía fuerzas.
En cambio, me apoyé en mi madre y mi pareja. Ayudé con los preparativos cuando pude, pero también me permití sentir la intensidad de mi dolor. Me permití llorar desconsoladamente, gritar de dolor, sentirlo todo.
Al permitirme ser vulnerable, al dejar que todos vieran que no estaba bien, le indiqué a mi comunidad que necesitaba su apoyo. Me brindaron la protección que necesitaba mientras atravesaba el duelo. Me dieron el espacio suficiente para manejar mis emociones por mi cuenta, pero a la vez estuvieron lo suficientemente cerca como para ayudarme cuando flaqueaba, literal y figuradamente. Fueron mi fortaleza en momentos en que no podía encontrarla por mí misma. Fue durante esos momentos de vulnerabilidad que llegué a apreciar tanto la fortaleza de mi red de apoyo como mi propia fuerza interior para sanar.
Si eres quien brinda apoyo a alguien que está de duelo, resiste la tentación de "arreglarlo" todo o dar consejos no solicitados. En la mayoría de los casos, escuchar activamente y estar presente es suficiente. Es importante ser consciente de tus propias capacidades. Si notas que la persona en duelo necesita más ayuda de la que puedes brindar, considera buscar el apoyo y la experiencia de un profesional de la salud mental.
El duelo no tiene un botón de encendido/apagado. No existe un tiempo exacto para definir su duración, porque, en realidad, nunca desaparece del todo. Permanece con nosotros. Sin embargo, con el tiempo, los recuerdos de lo perdido se vuelven cada vez menos dolorosos.
Sé amable contigo mismo
Las pérdidas son únicas para cada persona. Recuerda que el duelo no tiene fecha de caducidad. No podemos controlar su intensidad ni encenderlo o apagarlo. La pérdida es una parte inevitable de la vida. Con el tiempo, puedes llegar a aceptarla. A medida que avanzas, aprendes a adaptarte a tu nueva realidad y a reorganizar tu vida para que, finalmente, puedas experimentar un renovado sentido de significado y alegría.
Si estás pasando por un duelo y necesitas apoyo para facilitar tu proceso de luto, contacta hoy mismo con un terapeuta de Lotus Theory .
*Shear, MK (2012), ENTENDIÉNDONOS EL DUELO. Depresión y ansiedad, 29: 461-464. https://doi.org/10.1002/da.21963





